“Desarrolla una plan de evacuación para San Francisco”. “¿Por qué los sumideros son circulares?”. Con estas y otras (delirantes) preguntas trataba hasta hace pocos años Google de separar el grano de la paja en sus procesos de selección, unos procesos de selección a los que invitaba casi única y exclusivamente a graduados en universidades de élite.

Sin embargo, la estrategia de posar la mirada en los universitarios más “empollones” para fichar talento fue de todo menos fructífera para el gigante de internet.

La compañía de Mountain View examinó pormenorizadamente a sus mejores trabajadores y llegó a dos conclusiones: que los graduados de las universidades más prestigiosas no eran necesariamente mejores que el resto, y que la calidad de las respuestas de los candidatos en los procesos de selección no tenía después influencia alguna en su rendimiento profesional.

“Los datos que obran en nuestro poder demuestran que utilizar las calificaciones como criterio a la hora de reclutar personal es totalmente inútil”, señala en una entrevista concedida a The New York Times Laszlo Bock, que ejercía hasta hace no mucho de director de personal de Google.

De acuerdo con Google, sólo aquellos graduados con buenas notas que comenzaron a trabajar en Google inmediatamente después de concluir la universidad mostraron un desempeño laboral mínimamente mejor que el resto. Y entre aquellos empleados con algo de experiencia profesional sobre sus espaldas los resultados académicos demostraron no tener influencia alguna sobre la calidad de su trabajo.

Pero, ¿por qué las mentes más brillantes en la universidad no son después (necesariamente) las más brillantes en el trabajo? Laszlo cree que la universidad es un entorno artificial en el que los profesores demandan a los alumnos respuestas muy concretas. Sin embargo, en el mundo real no hay respuestas específicas a la hora de resolver un problema. “En el trabajo necesitamos a gente que se divierta encontrando respuestas para preguntas que no se han respondido jamás antes”, señala Laszlo.

En vista de que los “empollones” no son necesariamente los empleados con mejor rendimiento, Google ha cambiado radicalmente sus procesos de selección. De hecho, ha retirado de ellos los ejercicios planteados deliberadamente para medir la inteligencia y la capacidad de rendimiento de los trabajadores.

Y en su página web el gigante de internet deja claro que ser propietario de un título universitario no es condición sine qua non para trabajar en Google.

En lugar de plantear a sus candidatos preguntas deliberadamente capciosas, Google les hace cuestiones relacionadas directamente con las experiencias profesionales que han acumulado hasta el momento. “Dame un ejemplo de un problema complicado que hayas solucionado en el trabajo”, por ejemplo.

Con este tipo de preguntas, Google aspirar a detectar no sólo como los candidatos lidian con determinados desafíos sino también qué tareas les resultan particularmente complicadas.

Para Google el candidato perfecto reúne las siguientes características: es técnicamente competente, es capaz de asumir responsabilidades, es creativo, y tiene la suficiente capacidad de distanciarse de sus propias ideas si sus colegas le proponen una mejor solución al problema que tiene entre manos.

Un artículo publicado en Marketing Directo